Historia de México

La Batalla de Puerto Carroza

Esta batalla fue probablemente una de las primeras, si no es que la primera, derrotas que sufrieron los insurgentes en su lucha por buscar la Independencia de México; se llevó a cabo entre el seis y 9 de octubre de 1810, a menos de un mes de haber iniciado los enfrentamientos que se llevaron a cabo después del grito de dolores; el puerto de carroza, ubicado en Guanajuato, era en aquel momento el propósito de los insurgentes.

Los realistas estaban organizados
Félix María Calleja todavía estaba organizando una acción de respuesta del bando realista hacia lo que los insurgentes hicieron en la Alhóndiga de Granaditas, pero Manuel Flon, quien días atrás había salido desde la Ciudad de México con tropas, ya había logrado llegar a Guanajuato y decidió destacar en el puerto carroza a una división conformada por 600 hombres, la cual puso bajo las órdenes del sargento mayor Bernardo Tello; esta decisión no fue sólo preventiva, pues de hecho las fuerzas insurgentes ya habían empezado a entrar en las inmediaciones del poblado de San Miguel del grande, lo que hoy se conoce como San Miguel de Allende.

A pesar de este avance de los insurrectos, los realistas contaban con infantería, voluntarios que se les habían agregado de la ciudad de Celaya y también con la compañía de dragones de Sierra gorda, la cual fue formada en Querétaro nada más y nada menos que con fugitivos europeos, quienes también se les dieron dos piezas de artillería; probablemente eran menores en número, porque en los insurgentes se calculan cerca de 3000, pero sin lugar a dudas estaban mejor organizados.

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Una batalla contra la ignorancia
Al inicio de la batalla el mayor Bernardo Tello se encontraba más confiado de lo que debía, pues sus malos informes le decían que los soldados de la insurrección eran aproximadamente 300, así que fue al poblado en el que se encontraban para hostigarlos y hacerlos dirigirse al combate; cuando se dio cuenta de que eran alrededor de 3000 hombres los realistas que se encontraban con él se dispersaron, pues se consideraron insuficientes para lograr combatir. Los únicos en quedarse al frente fueron 180 hombres de la compañía de dragones de Sierra Gorda, los cuales a pesar de todo lograron que la división realista regresar al campo.

Uno de los momentos más impresionantes para esta batalla ocurrió la tarde del 9 de octubre, cuando los insurgentes lograron llegar hasta la artillería española, pero en lugar de abalanzarse contra quien la manejaba, al ser la gran mayoría de estos indígenas que no conocían de ese tipo de tecnología, se ponían al frente de las bocas de los cañones pensando que con esto los dejarían inservibles o que lograrían que sus balas no saliesen; hubieron muchas bajas gracias a ese desconocimiento.

No se conoce un número exacto de las bajas de los insurgentes aquel día, pero sin lugar a dudas fueron muchas, mientras que por el lado de los realistas sólo hubo una pérdida.

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