Historia de México

La Batalla de Zacoalco

Para los inicios de noviembre de 1810 el ejército realista empezaba a preocuparse por las noticias de que los insurrectos tenían cada vez más adeptos, algo que sería sin lugar a dudas un gran problema para ellos, porque aunque fuesen entrenados y hubiese mejor armamento, si la diferencia en número era demasiado grande sus posibilidades de perder batallas también lo eran; precisamente previendo evitar esto, en Guadalajara se conformó una nueva división del ejército, la cual contó con 500 soldados que eran principalmente jóvenes de familias criollas conservadoras de los alrededores y a éstos los reforzaron algunos milicianos de Colima.

Habiéndose formado esta división, salieron bajo el mando de un teniente coronel llamado Tomás Villaseñor y se dirigieron hacia un lugar llamado rancho de Santa Catarina, buscando parar a los insurgentes mucho antes de que lograsen acercarse a sus tierras; estaba por verse si lograrían su cometido, porque el 4 de noviembre se encontraron con las fuerzas en Zacoalco.

Caballos y fusiles contra piedras
batallaAunque parezca algo realmente impresionante, se supone que en aquel entonces las principales armas del ejército insurrecto eran piedras y machetes, pero sin lugar a dudas el hecho de ser en esta batalla 3000 los que se habían hecho presentes, contratan sólo 500 del ejército del virreinato, les daba una gran ventaja de seis a uno; José Antonio Torres le dio la orden a las fuerzas de hacer un inmenso semicírculo que terminase rodeando a las tropas realistas.

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Un historiador en específico habla de que el general Torres intentó negociar con el ejército para que todos los jóvenes soldados, que notoriamente eran nuevos en batallar, pudiesen ser escoltados por los insurgentes hacia Guadalajara para enfrentarse justamente sólo con las tropas realistas, pero Villaseñor no hizo caso y eso le costaría mucho en adelante.

Las siguientes indicaciones, a pesar de ser relativamente sencillas y hasta burdas en un combate, lograron minimizar las bajas del lado de los insurgentes a pesar de no tener suficiente armamento; su general les ordenó correr a toda velocidad hacia las líneas enemigas para poder tener un combate cuerpo a cuerpo y les dijo que cada vez que escuchasen una descarga enemiga de artillería se lanzasen al piso, para luego nuevamente ponerse de pie y continuar a toda velocidad hasta llegar al frente.
Los resultados de esta vaga estrategia sirvieron de inmediato y en poco tiempo aquello ya era un combate sangriento cuerpo a cuerpo entre los soldados realistas y los insurrectos, dejando 300 bajas en el ejército del virreinato, lo cual hizo que el resto de la poca juventud de Guadalajara que quedaba ahí huyera.

Las deserciones del virreinato

Esta no sólo fue una victoria en batalla para los insurgentes, sino que tuvo mejores consecuencias, ya que muchos de los soldados de Colima, algunos que decidieron quedarse y otros como prisioneros, tomaron luego la decisión de unirse al bando insurgente en su lucha por la independencia de méxico y esto agregaba a personas completamente capacitadas a las filas de la independencia.

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