Historia de México

La revolución mexicana – 20 de noviembre de 1910

La revolución mexicana, fue un conflicto armado que durante muchos años llenó de soledad y muerte las calles y pueblos de nuestro país, pero que nos dejó un gran legado en cuanto a lo que fuimos y sobre todo, somos ahora, por lo que es imprescindible tener en claro y muy presente cada hecho.

Causas de la revolución mexicana

Producto de una dictadura bajo el mandato de Porfirio Díaz, los días de 1910 transcurrían igual o peor que en la independencia de méxico, entre miseria, atropellos y muchos abusos que no eran denunciados y de hecho, muchos que ni siquiera fueron conocidos ante la gran represión que vivía para entonces, algo digno y típico de una dictadura.

A pesar del crecimiento económico de la nación y de asegurar el futuro por largo tiempo, Porfirio jamás logró distribuir de manera adecuada estos beneficios, por lo que las clases bajas y/o populares, seguían igual o incluso, peor que años anteriores.

La revolución mexicanaSin embargo, una crisis que golpeó fuerte a México en 1908, generó que de a poco los campesinos ya no sintieran protección y además, se sintieran también excluidos de muchos progresos y avances presentes en la nación, por lo que la caída del maíz en cuanto a precio y producción, generó gran impacto en la economía de los sectores populares, unido a que esto generó un efecto dominó en los demás productos del área, impactando de manera negativa en la economía mexicana.

Junto con esto, surgió un descontento en la clase media, que veía como su calidad de vida se depreciaba de manera astronómica con el paso de los días hasta hacerlo insostenible, tanto que más allá del dinero y los lujos, la educación y la reputación también comenzaban a desaparecer de sus vidas, sintiendo que bajaban varios escalones en la cadena de la sociedad.

Esto, junto al anterior enojo de los campesinos, fue calando hasta llegar a otros estratos.

Fue cuando minas y fábricas comenzaron a rebelarse. Conscientes de que el crecimiento de la clase alta y media alta mexicana, era producto del trabajo constante en las haciendas, fábricas y minas del país, los trabajadores comenzaron a percibir la explotación desmedida a la que estaban expuestos, por lo que junto a los salarios inservibles que percibían, todo se fue juntando cual bola de nieve hasta generar una gran avalancha.

Considerado el movimiento y hecho político más importante del siglo XX en la historia de México, la revolución mexicana le plantó cara a un Porfirio Díaz que se valía de la fuerza bruta de efectivos policiales y el ejército mexicano, que por cierto, estuvieron implicados en el detonante que inició este conflicto armado que cambiaría para siempre la cara de México.

Francisco Ignacio Madero era para entonces uno de los líderes más reconocidos en la lucha, que comenzó con su encarcelamiento justo previo a las elecciones donde Porfirio resultaría ganador en su último período al mando del país, el mismo encarcelamiento que causó que al ser liberado, se refugiara en Estados Unidos ideando la manera de acabar con la dictadura en su tierra, por lo que creó el Plan de San Luis de Potosí, en el que instaba a todos los mexicanos a levantarse en armas y desconocer aquellas elecciones, así como restituir el poder de estos sobre las tierras, en busca de la producción igualitaria y justa, además de reconocer los derechos de aquellos trabajadores continuamente explotados.

Con la llegada de Madero a México y  el allanamiento a la casa de Aquiles Serdán, el mismo del que muchos rumores aseguraban que contenía armas en su casa y causaron la pesquisa de su hogar, se desencadenó un enfrentamiento que duró largos días y necesitó la intervención del ejército. Justo la gota que derramó el vaso en aquella casa ubicada en Puebla.

Lo que hoy se conoce como Piedras Negras, llevaba el nombre de Porfirio Díaz, el dictador causante de esta necesidad de liberación. Fue justo en esa ciudad donde Francisco Madero comenzó la revuelta y a avivar el fuego de cada mexicano cansado de la explotación, abuso y atropello del mandatario que se jactaba entre bienes y fortunas.

Disparos, muertes, retrocesos y avances constantes fueron parte de este proceso en el que Madero se vio apoyado por un ejército estadounidense, así como barcos de guerra en distintos puertos para hacer presión a un gobierno que hundía en miseria a su gente, un mandatario que se cegaba en soberbia de manera constante.

Limantour, puente de paz

José Yves Limantour, ministro de Hacienda para aquel entonces, se embarcó a México para fungir como diplomático y nexo entre la revolución y el gobierno de Díaz, algo que sin duda generó el mismo apoyo que detractores, por lo que la paz era temporal y vulnerable de manera constante, algo que duró algún tiempo más.

Entre tantas idas y vueltas, cayó Ciudad Juárez en 1911, un golpe eficaz y estratégico que aceleró gran parte de los objetivos que no fueron logrados luego de muchos diálogos y propuestas de reformas a los que Porfirio accedía un día y retractaba al siguiente, ignorando el clamor de muchos habitantes que exigían atención y mejoras.

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Pero el trabajo de Limantour surgió efecto, ya que abrió el camino a lo que Madero ejecutaría de manera inteligente ese mismo año, al enviar un telegrama en el que exigía la renuncia de Porfirio y sus seguidores que ostentaban algún cargo importante en el funcionamiento de la nación.

Esta exigencia, añadida al hecho de tener en sus manos ciudad Juárez en cuestión de poco tiempo, hizo casi imposible no ceder al gobierno de Porfirio. Y así fue, como después de 30 años de poder,  el 21 de mayo de 1911 se firmaban los Tratados de Ciudad Juárez con representantes de ambos bandos, lo que trajo la renuncia del dictador de manera inmediata.

4 días después, tanto Porfirio Díaz como Ramón Corrales, se separaban de sus cargos ante la presión ejercida por Madero a la cabeza de una revolución que apenas comenzaba sus andanzas y enfrentamientos.

Tratados ¿de paz?

Si bien los Tratados de Ciudad Juárez lograron el objetivo deseado en la renuncia de Porfirio, los bandos con más fuerza (PLM y Maderistas) se veían enfrentados con los resultados y condiciones de los mismos, al punto en el que muchos se unieron en un solo bloque para comenzar a reconstruir la nación, mientras que aquellos que se vieron en contra de lo establecido, fueron fusilados, algo que en  realidad carecía de sentido al tratarse de acciones similares a las del porfiriato.

Si bien Porfirio Díaz ya no estaba en el poder, la idea de Madero de crear un gobierno mixto dejando en manos de los Porfiristas el mandato provisional, así como tener gobernaciones mixtas, no hacían sentir seguridad a los campesinos, que además veían como sus derechos sobre las tierras eran olvidados y de nuevo, se quedaban con las armas para evitar que la lucha cesara y se olvidaran de ellos luego de tanta lucha.

Pero no sólo estaba el problema de las tierras, ya que Madero, fiel creyente de hombres y democracias, promovía la restitución de las fuerzas armadas y el desarme de los campesinos que le ayudaron a llegar hasta allí, al menos aquellos que no quisieran hacer vida militar, por lo que se le catalogaba como un mandatario con inclinación a la burguesía y sus modelos de mandato, lejos de aquellas luchas sociales y revolucionarias que pocos días atrás pregonaba para salir de la dictadura de Porfirio Díaz.

Los problemas no cesaban, ya que poco después de estos actos, el PLM (Partido Liberal Mexicano), seguía radical en sus creencias y posición, llevando a cabo la Rebelión de Baja California, suceso que se dio específicamente entre enero y junio de 1911, un año muy convulso. Esto además de las constantes acciones para promover la lucha armada contra todo gobierno capital, haciendo referencia a lo que según muchos textos especializados, se distinguía en su condición “Anarco comunista”.

Estos movimientos bélicos, fueron minimizados entre soldados federales, soldados maderistas y además, la participación del gobierno de Estados Unidos.

Pero nunca hubo solución, estas rencillas permanecieron y dejaron lejos cualquier alcance a la paz, de hecho, lo único que se logró realmente fue que las diferencias permanecieran, pero cambiando de protagonistas.

Madero y Zapata

Dos de los líderes más influyentes e importantes de todo el movimiento armado que comenzó a darle la libertad plena a México, Madero y Emiliano Zapata, no tardaron en verse enfrentados, por diversos temas, entre ellos, la falta de cumplimiento y la diferencia de ideales.

Lejos de lo que pensaba como revolucionario, Madero asumió el mandato del país al ser nombrado presidente, sin embargo no tardó en darse cuenta que lograr la paz, devolver los bienes y repartir de manera justa y equitativa las tierras en latifundio, no era más que sólo un buen discurso, ya que hacerlo no era tan fácil como decirlo para convencer a los menos esperanzados.

A pesar de haber logrado que los cargos a Presidente y Vicepresidente ya no tuviesen la posibilidad de reelección, además de hacer más universal el voto y evitar la intromisión del Estado en los procesos electorales, Madero tenía un gran grupo de detractores en todo el país, algo que siempre le causó problemas considerables.

Y de allí nació la fuerza de Emiliano Zapata, que acusaba de dictador y traidor a Madero y le promovía como mal gerente para aquella nación que aún tenía pesadillas con enfrentamientos, muertos y balas por doquier.

Fue cuando nació el Plan de Ayala, que se basaba en reconocer a Madero no como presidente, sino como un dictador, tal y como su anterior enemigo, Porfirio Díaz, además de exigir que todos los acuerdos presentes en los Tratados revolucionarios fuesen cumplidos, como los de devolver las tierras robadas, nacionalizar los espacios de quien no pensaba en bien de la nación y además, expropiar un tercio de las tierras en latifundio para ponerlas en manos productoras.

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A esta realidad, se unió la petición de una reforma Agraria propuesta por el propio Zapata, una idea que tomaba fuerza ante el poco entendimiento de la población campesina hacia aquello de la democracia y la civilización de la nación de manera gradual, ya que ellos sólo querían ver sus tierras de nuevo en producción, como su único medio de sustento y avance, lejos de cualquier paciencia y entendimiento a Madero y su preocupación por enfrentarse a los poderosos terratenientes, dueños de gran parte (por no decir total) de las tierras en latifundio que aquella masa exigía para poder comer y vivir con comodidad.

Justo allí fue que se dinamitaron las relaciones y revivieron los enfrentamientos que poco podían hacer para disminuir las fuerzas de Emiliano, que además se volvió más fuerte al unirse con Pascual Orozco, otro revolucionario que fue derrotado por las fuerzas Federales, no sin antes él mismo acabar con parte de las fuerzas de Francisco Villa y dar a conocer su Plan de la Empacadora.

Todo un enredo entre aliados y rivales que se disputaban poderes e ideales en muchas ocasiones, entre ellos mismos, por lo que al tiempo que debilitaban al enemigo, también afectaban a uno de sus aliados indirectos, generando más pérdidas y confusiones que pasarían factura al tiempo.

Entre movimiento sociales, enfrentamientos y una gran cantidad de bajas, esta revolución seguía desorientada y la historia de Madero como presidente culminaba en 1913, cuando la unión de Félix Díaz, Victoriano Huerta y Bernardo Reyes causaron el episodio conocido como la Decena Trágica, que se trató de un golpe de Estado en el que terminó asesinado el propio Madero, junto a uno de sus hermanos y el vicepresidente en aquel momento, Pino Suárez.

México Post Madero

Huerta asume el poder y mandato de México entre acusaciones y evidentes muestras de sangre en sus manos luego de los asesinatos de Madero y compañía, por lo que un nuevo líder se levantaba en las masas con más fuerza, Venustiano Carranza, revolucionario junto a Francisco Villa y conocido por muchos.

Este líder se encargó de liderar el Plan de Guadalupe, en el que propuso desconocer el mandato y legalidad de Huerta de Huerta como presidente, al considerarlo un usurpador debido a la manera en la que llegó al poder.

Álvaro Obregón se encargó de darle la fuerza militar necesaria a Carranza, por lo que pasó de ser un simple populista a un contendor de peso y jerarquía en contra de Huerta, que veía también en las filas enemigas a Francisco Villa y Emiliano Zapata.

La renuncia de Huerta llegó para 1914, dando paso a Francisco Carbajal, que en pocos meses hizo lo mismo que su predecesor, por lo que de nuevo los Tratados revolucionarios hacían acto de presencia en el desarrollo de la historia mexicana, los mismos que veían a Carranza llegar a la presidencia donde, al igual que Madero, comprendió que no todo era la lucha armada.

Por lo que encontró en Villa y Zapata a claros enemigos, a sabiendas que ambos no eran de confiar por su insistencia permanente en los derechos del pueblo campesino, que desde la razón que podían tener aprovechaban para exagerar y olvidar muchos de los deberes necesarios para el levantamiento del país.

Los fantasmas del Plan de Ayala volvían a aparecer y de nuevo el pueblo campesino exigió derechos y beneficios en tierras, propiedades y títulos de grandes expansiones que vale decir, no eran del todo erradas, aunque tampoco lo estuvo del todo Venustiano, que siempre promovió la ley y el orden como primeros pasos, tales como en su discurso famoso en el que hacía gala de conocimiento y previsión, al refrendar la lucha social como arma principal de una próspera democracia y justicia, pero nunca abandonando los principios y necesidades morales del pueblo para con la nación.

Las guerras sectoriales no cesaron, de hecho, los propios expertos no se ponen de acuerdo con el hecho en sí que generó el final definitivo de la guerra o revolución, ya que muchos hablan de la promulgación de la Nueva Constitución como el hecho claro que marcó este final, mientras que otros aseguran que no es sino hasta la toma de posesión de Huerta, o del propio Carranza.

Sin embargo, estos hechos de 1917 no fueron los últimos, ya que eventos como la Convención de Aguascalientes generaron discrepancias por parte de uno de sus promotores, Carranza, así como los enfrentamientos y diferencias entre líderes revolucionarios como Francisco Villa y el propio Zapata, ambos asesinados pocos años después, al igual que Obregón y el propio Carranza.

Lo cierto es que este conflicto dejó cifras de muertes que superan el millón de víctimas, algo en lo que los textos de historia y los propios historiadores tampoco coinciden, más allá de asegurar que en efecto, la cantidad sobrepasó el millón.